Negocios

Antecedentes para el próximo desempeño de nuestra manufactura

Antecedentes para el próximo desempeño de nuestra manufactura

El comportamiento reciente de la economía ha dado lugar a múltiples análisis acerca de los factores que la influirán en el futuro cercano, revisando las consecuencias que tendrían para nuestro país los momentos de incertidumbre que se pueden presentar y los cambios que previsiblemente se harán con el propósito de prevenir la concreción de riesgos. Como parte de ese esfuerzo, se explora actualizar las relaciones que se han desarrollado en el marco del Tratado de Libre Comercio, en especial la manufactura que tiene su origen en Estados Unidos y, en menor medida, la de Canadá y México.

Cabe recordar que en los últimos años se han hecho fuertes críticas al Tratado de Libre Comercio, al que se le atribuye ser la causa de la desindustrialización que vivió Estados Unidos –y México– en la primera década de este siglo. Esas críticas ignoran que la desindustrialización, sobre todo de Estados Unidos y México, se debe fundamentalmente a la caída de la competitividad de la región, propiciada por la política de fortalecimiento del dólar –y del peso– frente a las monedas asiáticas. Como consecuencia de esa desindustrialización, en los sexenios de Vicente Fox y parte de Felipe Calderón, de diciembre de 2000 a julio de 2009, en México se perdieron un 1,1 millones de empleos de trabajadores manufactureros asegurados en el IMSS. Hoy esos empleos ya se recuperaron, por la aplicación de un proceso de integración en sectores en los que los factores competitivos y la posición geográfica resultan básicos. Eso potenció el desarrollo de la industria automotriz de Estados Unidos y a México le ha proporcionado un valor agregado cercano a los USD 40,000 millones anuales.

Antes de explorar lo que puede suceder con la eventual revisión del Tratado de Libre Comercio, es necesario considerar que, en los meses recientes, se ha venido formando un escenario en el que independientemente del resultado que se tuviera en las elecciones:

  1. Se esperaba que la Reserva Federal de Estados Unidos continuara con el proceso de normalización de la política monetaria con una nueva alza en sus tasas de interés, probablemente en la primera mitad de diciembre.
  2. Eso estaría sustentado en una progresiva recuperación de la actividad económica en ese país, con un crecimiento estimado de 2.9% en el PIB del tercer trimestre de 2016, después de un registro de 1.4% en el segundo trimestre y en las tasas de desempleo de alrededor de 5%.
  3. No obstante, en el caso del sector industrial estadounidense, se reconocía un lento dinamismo, debido a la apreciación del dólar, la débil demanda internacional y los bajos precios del petróleo.
  4. En particular, el índice de las manufacturas (PMI) del ISM (Institute for Supply Management) de octubre se situó en 51.9%, en el terreno positivo. El ISM señala que un PMI arriba de 43.2% generalmente indica que la economía en su conjunto está creciendo. Las señales del índice son positivas, pero también dejan entrever algunos riesgos: bajan ligeramente los renglones de nuevos pedidos, así como los inventarios y los inventarios de los clientes, en tanto que aumentan un poco los precios. Por cierto, esto llevaría a suponer que la reposición de inventarios sería a precios más altos. Habrá que esperar.

Todo eso está dentro del comportamiento esperado por la Reserva Federal para proseguir con el proceso de normalización de sus tasas de interés, por lo que es posible que el banco central del país vecino sí aumente sus tasas antes de que termine el año y, conviene decir que, independientemente de las circunstancias políticas, esa medida podría tener algunos efectos que no deben ignorarse:

  1. Al subir las tasas, la Reserva contribuirá a fortalecer aun más la posición del dólar.
  2. Aunque no repercuta en una desaceleración de la economía estadounidense en su conjunto, una apreciación del dólar restará competitividad a la manufactura de ese país.
  3. Para México eso significará nuevas presiones devaluatorias, mayores tasas de interés –apenas el 17 de noviembre Banxico incrementó la tasa de referencia de 4.75% a 5.25%– y más inflación pero, al mismo tiempo y si se sabe aprovechar, mayor competitividad de las plantas instaladas en México y, por consiguiente, menores costos para la cadena industrial en su conjunto, aunque esta integre a dos o los tres países de la región.

Es necesario señalar que, considerando el reto de las autoridades monetarias, de encauzar productivamente los miles de millones de dólares que se encuentran en los mercados financieros, no hay una ruta garantizada y, con o sin movimientos de tasas, el riesgo de que esos dólares propicien un proceso inflacionario mundial es una posibilidad latente.

Más allá de esa posibilidad y en lo inmediato, las disposiciones que ponga en marcha la nueva administración gubernamental tendrán que analizarse caso por caso, tomando en cuenta que en algunas ramás la competencia asiática en productos terminados, sobre todo en las intensivas en mano de obra, es más fuerte y, en otros, como sería la metalmecánica, también tienen fuerte presencia en el suministro de materias primás, sobre todo de acero. 

Una posibilidad es que el nuevo gobierno estadounidense reconozca el beneficio mutuo por tener plantas con capital de su país en México y, en ese caso, las plantas instaladas en nuestro país tendrán que asegurar que el suministro de materias primás de países ubicados fuera de la región no afecte la posibilidad de participar en el mercado de Estados Unidos. Si fuera necesario tendrían que considerar la posibilidad de cambiar a proveedores mexicanos, estadounidenses o canadienses.

Tomando en cuenta los distintos factores de incertidumbre, es interesante señalar que en este año el impulso exportador que habían logrado algunos sectores desde México, como el automotriz, ha mostrado un cambio respecto a su desempeño de años anteriores. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), en enero-octubre se logró un crecimiento de 3.5% de las exportaciones hacia Estados Unidos y Canadá, mientras que sus envíos no fueron tan positivos, por lo que las exportaciones totales fueron de 1.0%. Eso propició una desaceleración a de la producción a una tasa de  solo 0.9% en los primeros 10 meses del año, lo que dio lugar a un sesgo hacia el mercado interno, en donde las ventas de autos tuvieron un crecimiento extraordinario de 18%.

Sin duda, esto es un ejemplo de cómo funciona el mercado regional, habría que revisar como se han distribuido sus beneficios y, como pueden ser relacionados con las distintas opciones de política comercial por parte de Estados Unidos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *